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| Notas de Prensa
MARIA ELISA ESPINOSA A Yesenia y sus amigas le acaban de leer el cuento de Pinocho y les gustó. 'Muy bonito', dijo ella, con una sonrisa tan amplia como pequeños son sus ojos. Odalys, en un salón contiguo, hace gala _sin saberlo_ de una excelente memoria. No ha olvidado la visita que le hicieran Luz Mely y David, amigos de Caracas, y para tampoco olvidar la de quienes la visitan hoy, saca de entre sus útiles una libretica deshojada y pide: 'Escríbeme aquí, firma aquí, píntame un corazón, y ahora dame un beso'. Odalys y Yesenia son dos de las 14 niñas especiales y alejadas de sus padres que habitan la Residencia Barlovento, en Caucagua. Allí estudian, hacen sus tres comidas, juegan en el patio, se bañan los sábados en una piscina de hule; y desde allí también salen de paseo los fines de semana, a veces van al río, a la playa, a la plaza del pueblo y, religiosamente, todos los domingos, a la iglesia. Viven en esta casa-escuela desde marzo del año pasado, cuando arrancó de lleno un proyecto soñado por Carmen Beatriz Fernández, sus padres, esposo, suegros, hermana y unos cuantos amigos con clara inquietud social, quienes no podían hacerse la vista gorda ante una realidad que veían desfilar a diario en el Instituto Psicológico El Avila, colegio privado fundado en 1967 por la familia para atender a población con necesidades educativas especiales. La sede de Caucagua se planteó como un lugar para acoger a niñas y adolescentes que, además de tener un retardo mental o moderado, llevan en sus vidas la doble carga de haber sido abandonados o haber nacido en familias de escasísimos recursos. Tras crearse en 1997 bajo la figura de asociación civil, el IPEA-Caucagua se planteó en sus inicios como un centro (usando la sede de El Paraíso) para hacer diagnósticos y tratar a los niños bajo un régimen de consulta. No obstante, la idea fue creciendo y terminó en el proyecto de atención permanente que encontró en el pueblo mirandino un cálido hogar para las niñas. Pero el asunto no quedó allí. A este grupo se le han sumado otros veinte muchachitos y muchachitas de la comunidad de Caucagua, también con necesidades especiales, que asisten a la escuela en régimen de semiinternado. El compromiso que han asumido la directiva y colaboradores del IPEA-Caucagua se ha topado, sin embargo, con no pocos obstáculos. El principal _siempre es así_ es la estrechez presupuestaria, sobre todo tomando en cuenta que el proyecto básicamente se sostiene con recursos propios. Fernández, directora de la casa-escuela, explica que por el proceso de liquidación del Instituto Nacional del Menor (ente que les ayudaba a cubrir la mitad de los gastos del centro), han tenido que enfrentar mayores dificultades para sostener el proyecto. De allí que siembren sus esperanzas en un programa de benefactores que recién estrenan, donde desde un particular hasta una empresa, son bienvenidos. http://buscador.eluniversal.com/2002/10/05/ccs_art_05401AA.shtml
Habla a propósito de las 20 niñas y adolescentes que viven en la casa-escuela de la Fundación Iniciativa para una Educación Alternativa (IPEA), ubicada en Caucagua, Estado Miranda, para quienes “las migajas de afecto que uno les puede dar, terminan significando absolutamente todo”. Lo cuenta quien muy bien pudo hacerse de la vista gorda ante la realidad de pobreza y abandono que campea en Venezuela, pero sin embargo prefirió tomar la ruta más difícil. Eso sí, no lo hizo sola.
Junto a sus padres, hermana, esposo, suegros y un grupo de amigos solidarios, Carmen Beatriz decidió fundar esta institución en tierras barloventeñas, en la cual no sólo albergan y educan a niñas especiales y alejadas de sus núcleos familiares, sino también a pequeños habitantes de esa comunidad con iguales condiciones de retardo mental, leve o moderado. Son muchos los obstáculos sorteados desde 1997, cuando surgió la idea, y desde el año 2000, cuando finalmente se concretó en una casa donada por los padres de su esposo, Cristóbal Nieto. Desde entonces, las dificultades han superado las expectativas, pero sigue allí la obra, pendiente de otros que se quieran sumar a ella. Criada en cuna de gran corazón, y habiéndose casado con uno del mismo tenor, el resultado no podía ser distinto. Mejor matrimonio, imposible: “Los padres de mi esposo, al haber hecho la medicatura rural en Caucagua, se terminaron enamorando de ese lugar y levantaron allí una clínica. Por otro lado, mi familia tenía ya una interesante experiencia habiendo fundado en Caracas, en el año 1967, el Instituto Psicológico El Avila, donde se atienden personas con necesidades educativas especiales. Así que allí lo que pasó fue una conjunción de cosas: se unió la inquietud del problema que sabíamos existía y no se estaba abordando por nadie, con la buena disposición de un grupo de personas todas cercanas”. Lo siguiente fue tocar las puertas oficiales. En este caso, las del Instituto Nacional del Menor, con quienes han contado —no todo lo que se necesita, de hecho la ayuda ha estado paralizada desde enero pasado— para financiar parte del costoso programa de asistencia a las niñitas del IPEA. Con momentos buenos, pero sobre todo con los que no lo son tanto, “es fácil desesperarse”, admite Carmen Beatriz, para quien los retos que enfrenta en su oficio diario como investigadora del quehacer político venezolano no llegan a superar aquellos con los que se encuentra a la hora de buscar apoyo para esta obra de responsabilidad hacia el prójimo más urgido. “En esos momentos duros es cuando uno recuerda para qué estamos aquellos que tuvimos más suerte que otros en la vida, si no es para asumir responsabilidades que van más allá de nuestro estricto círculo”. http://www.eluniversal.com/estampas/aniv52_6.shtml Residencia Barlovento, Urb. Cerro Grande, Calle Los Robles, Caucagua Edo. Miranda - Venezuela Telefax (+58-234) 662-1969 Cel. (+58-414) 307-0632 www.educacionespecial.info - ipea@datastrategia.com |
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| Iniciativa Para una Educación Alternativa | ||